martes, enero 19

Entre antiguos dioses el miedo se esconde.






El día va naciendo nuevamente entre las sombras suspiro intentando que se siga cubriendo el secreto entre la ignota penumbra que no cede aquí los antiguos dioses todo lo bordean se ocultan entre los hijos del miedo como un fantasma camino entre ellos el frío con languidez se desparrama en mis mejillas


Siento tanta ansiedad que el halo de luz apenas lo percibo cuando a la esquina alcanzamos intento soñar despierta con las aves que revolotean en el arroyuelo que cruzo cada día entre los lejanos aromas a jazmines y ramas que otros predios con sus cantos alegremente fecundan, como desearía que mi alma hubiera germinado en ellas crecer bajo el cálido refugio de sus pupilas humanas vitoreando siempre en su paternal alegría mi presencia en su regazo, una oleada de hojas muertas de mis desvaríos me aleja.


Percibo el torbellino de angustia del niño con sus raíces perdidas dentro de mí que mira su ombligo haciéndose preguntas pues el pretérito ahora y siempre a su acoso lo somete como una brutal daga que a su alma hiere. Aprieto mis labios cuando a sus pupilas nuevamente me enfrento carentes de ternura, un babel de emociones a mi espíritu avasalla, retiro el mechón que con rebeldía en mi frente se forma. Tomó su mano mientras el silencio se destroza con su gesto de repulsión de su mano y a la mía retira, mis lágrimas ya intangibles escriben tristezas cuando en el rostro ausente interrogo en silencio.


Al margen del camino el falso cisne, una figura conocida divisa apareciendo en ella el maléfico encanto que a los demás prodiga con falsa virtud. Me sé de memoria todos los gestos que delatan sus vestigios de amor inexistente a quienes encuentra. El vacío vuelve a mirarme fijamente mientras en sus labios brota una fatua primavera al Albor que con alegría me recibe ya mi congoja disipa.


¿Acaso? En otros brazos he sentido arrullar con ternura mis sueños,consolarme cuando en el desasosiego he caído.


Yo soy tu alma y tú la mía

eres el sol de mi universo

eres el perfume de rosa

que dentro de mí no se marchita

nunca lo olvides.

Me repite sin cesar cada vez que consigue volver a abrazarme y me logra alejar por breves momentos de los absurdos ojos sin llama materna.


Xiomara Beatriz

jueves, diciembre 17

Alfileres de luz.

         

La palabra desnuda en el frío se marchita

un perro en orfandad en la tortura del hambre danza

intento no mirar tu ausencia mientras al cristal me acerco

aquí nadie duerme las farolas siempre encendidas

el murmullo de la música a la luna atosiga

y el gemido del volcán a la montaña hiere


El dolor en el traje del amor aún respira

en este espacio cubierto de antiguas letanías

¿Para quién escribo?

En el limbo de las memorias atraviesa tu sonrisa

como un dulce arrullo de la hostil noche

sonrió deslumbrada por las libélulas

que guardan el secreto de la vida


Entró en la magia de la brisa

viajo entre las puntas de alfileres de luz  

que a las tinieblas espía

el rumor de tus latidos a ti me guían

en el dorso de la madrugada

beso tu garganta para que mis silencios

se tornen raíces de versos

que habiten por siempre

tu alma.



Xiomara Beatriz





martes, diciembre 1

El abril de las aves.

Wojciech Paliwoda

Veo tu rostro detrás del espejo

leo tus versos como una marea

que con todo quiere arrasar

como si el juego hubiese concluido


Miro tu corazón que no se apacigua

entró en él atraída por tu alma

llevó velas aromáticas

hechas con las raíces

de la vida


Intento verte

escondido cómo estás

tras una cortina

pero tus ojos despuntan

como la aurora

en el oscuro corredor


La marea comienza a descender

ya no amenaza ahogarme

bajo el torrente de tu tristeza

la armonía de mi voz te sosiega

la mudez del abismo caduca

el sol despierta de su somnolencia


Preguntas quién osa tu soledad fastidiar

te digo adivíname entre las metáforas

soy el abril que charla con las aves

el caos del color que germina en las flores

el viento suave que acaricia tu rostro al despertar

soy el poema que aún no se ha escrito

la cornisa de niebla que te invita al misterio

soy la túnica que se despoja de una hebra de hilo

para entregarte y te permita descubrirse

mientras te susurro muy quedamente

querido no te des por vencido

pues el juego apenas

ha comenzado.


Xiomara Beatriz



jueves, noviembre 26

La luz de mis memorias.

Laura Zalenga.

Necesito desvestirme de la ciudad
de ese rumor del río de voces
naufragando en la nada
quiero sentir el roce del silencio
mientras escribo

Los ojos golpean las letras
aman la sombra que al papel traspasa  
convirtiéndolas en tentación
fuego y promesa

Cierro los ojos
la noche se dispersa
atravieso la luz de mis memorias
escucho tus pasos hambrientos de encontrarme  
el soplo de mi voz que con tentación
delinea tus labios cuando te acercas
las palabras se pierden en un murmullo
ahora el lenguaje es otro que no tiene espera
ebrios de pasión moran en la habitación sin ventanas
la orquídea se ofrenda con un suspiro embelesada

Vagan los deseos en la sangre
una frase cuelga en los repliegues
la víbora en cólera revienta
mientras la puerta se abre y se cierra
en el callejón que se inunda de agua

Sabemos que el tiempo es un verdugo
que se nos amontonan los días muertos
pero el amor atraviesa la jaula de la distancia
cuando la noche devora a la luna
en plena madrugada.


Xiomara Beatriz


jueves, octubre 29

Entre el cielo y el infierno.



Katia Chausheva

Otro día comienza. Doblo la esquina, la ciudad apenas de la neblina se desnuda. Una gota sobre la punta de la hoja se escapa y yo soy el abismo donde revienta. Se comienza a descoser la luz entre las oscuras nubes. Un río de pasos fluye por doquier. Se amontonan en la calzada queriendo devorar el tiempo. Me parece irreal estar rodeada de ellos. La lejana música pretende darle una sacudida de alegría a la atmósfera enferma de la ciudad. Se me dificulta la respiración entre la profusión de formas y sombras.


Miro las manos atiborradas de sueños que desconfían cuando las rozan. De las entrañas de la muchedumbre, se abre una brecha. Penetro por ese túnel. El mundo en su apogeo apenas me mira. El clamor de mi corazón más fuerte me golpea, queriendo escapar del pecho. La máscara del miedo de mí se apodera. Una charlatana de blancos cabellos pretende venderme algo. Ve en mi mirada los espectros que me atosigan. Sus ojos me taladran mientras intento apurar el paso buscando la resurrección de mi cordura. Alcanzo a ver el sofisticado ornato de la antigua puerta verde, que se encuentra entreabierta. Siempre me sorprende la corriente helada que de ella se desprende. Escucho el gorjeo de las aves en la terraza del jardín. Reparo en el óleo de las pálidas margaritas que emana cierta tristeza. Suspiro.


Me siento suspendida en la paz del silencio. El sonido de una bisagra anuncia tu presencia. La poesía murmura, se hace real. Una conjunción de estrellas habitan en tu mirada. Mis cabellos con tu voz apaciguas. Los telúricos movimientos en mi piel se ensayan al verte. Tu boca empaña el vidrio, tratando de volver a la avaricia de mis labios, sobre el retrato que descansa encima del pulido ébano del piano. Ahora el eco de tus palabras resuena con un tono desconsolado, mientras de ti alejas la fotografía. Intento comprender la expresión de tu rostro. Un nefasto presentimiento invadió mi alma. Una repentina brisa despierta el aroma de los eucaliptos cuando el vértigo de mis memorias aflora consumiendo el instante. La bruma se disipa. Se precipita implacable el horror. Intento que me mires, pero tu mirada va cayendo al vacío que me puebla. 


La luz hiere la pared, mientras en ella desvaría el espejo. Me precipito mientras avanzó, temblando, en busca de mi reflejo. Pero sólo a las pálidas margaritas del lienzo refleja. Se escucha la multitud con su infernal vocerío allá afuera. Arrastro mis pies como los de un enfermo. Se fragmenta el salón a mis espaldas. Apenas se puede distinguir tu figura. Tropiezo con un cielo sin nubes, ausente de todo. El eco de mi grito se congela dentro de la nada. La anciana, con su mano temblorosa, palpa las monedas que en ella acaban de depositar. Me acerco en busca de su mirada y repentinamente me encuentro con sus ojos, deshabitados de vida, por el velo de las cataratas que los cubren. Vacilante extiende la mano y murmura no te aferres a esta vida que ya no es tuya. Los adoquines sueltos ya no hacen ruido bajo mis pasos. La fechoría de la muerte abre por fin su trampilla y derriba el alma, que antes se balanceaba entre el cielo y el infierno.

        

 Xiomara Beatriz



domingo, agosto 16

Blasfemas nostalgias.

Yulia Kazban

El tedio de las horas sin tu presencia me abruma

lejos vuelas intentando el lenguaje del bosque descifrar

de los colores del recuerdo me dejo envolver

y del intenso aroma del confuso verano que me agota

quiero un poema concebir pero no puedo

la fecundidad brota cuando te percibo cerca

la soledad me muerde y abre profundas grietas

donde emanan blasfemas nostalgias


Las voces vacías de tus eternos siseos

por doquier me acechan sin tu particular encanto

escapo de la simplicidad del claustro

siguiendo el rastro de tinta de las aves que el cielo tocan

en la esquina una tumba alquilan

un músico ameniza la magnífica morada

¿Podré arrancarme el amor y allí depositarlo?


La fiebre en el lecho me atormenta

el mortífero silencio del dolor se alimenta

sigue lloviendo como denunciando un crimen sobre el tejado

que insensato el destino que orquestar a su manera pretende

intento escuchar la música de las olas que seguramente

rompen a carcajadas cuando tu tobillo toca 

y huyes despavorido como gato en tina

pero me devoran los días

sin la magia de tu venenoso sarcasmo

y se plasma el espectáculo del hastío

cuando sin ti vivo.


Xiomara Beatriz