viernes, julio 14

El enigma desgarrado.

Max Erimine.


La apocalíptica puerta entreabierta me atrae
acerco mi mano indecisa apartando la niebla
como invidente recorro su semblanza
tallada de gritos y manantiales de surcos de agonía
que en la oscura selva de silencios
enloquecidos revientan

Un pañuelo se estruja en el tenebroso cielo
las antiguas esquinas por el sol han sido esquivadas
una gota oscura marca con su intensidad el camino
la arquitectura se enreda en la sensación del cerillo
el bigote del gato araña el tejado resucitando el miedo

Llueve trazas de estrellas en la piel expuesta
los ojos hambrientos del siniestro espejo
de lo efímero se alimenta con nauseabunda curiosidad
un leve trueno hace volar una paloma
el simulacro del alba la devora

Regreso a mi habitación cuando se mueve la tela
mientras los cuerpos desgarrados rebuscan en la tierra
la respuesta al enigma.

Xiomara Beatriz


lunes, diciembre 5

El mensaje de Afrodita.


 Edward Steichen.

La noche abre sus alas salpicadas de algarabías de luces
las sensaciones se enredan en un suspiro con ellas
el búho sobre la rama junto al rio nos observa
devorando la ardorosa espera
que la lejanía engendra

El lascivo abeto señala el voluptuoso cielo
sus dedos abren el denso cortinaje con premura
la geometría danza al son de la invernal brisa
la gota de rocío se precipita sobre mi pecho
en su caída caminos de sol dibuja en mi piel
una sombra sobrepasa la mía bajo la baranda de la luna
la palabra al borde del silencio con embriaguez le besa

Ahora todo es fuego
todo es brusco viento
el relámpago y la tormenta se juntan
el rostro antiguas lluvias olvida
se arañan los colores en las tinieblas
las bocas jadean de resurrección anhelantes
la euforia en los delirantes valles florece
los cuerpos flotan en el precipicio del vértigo
la avidez se sacia en la desnuda amapola
mientras el gorrión en el laberinto
el mensaje de Afrodita entrega.

Xiomara Beatriz


viernes, noviembre 18

El inalcanzable secreto .

                                                     AJ Arabzadesh


La enloquecida humanidad
consume con avidez
el opio que vocifera
el vendedor de pesadillas
mientras al infierno los amarran
en su delirante petulancia
Se fragua la trampa
las calles se rinden ante el oropel
que se perfuma en antiguas cloacas
la imperfecta cortesana le acompaña
sus ojos siguen denegándole las lágrimas
de la voluntaria inmolación de su alma
Ya trepa el venenoso brebaje degustado
se despliega el turbio alboroto de las comparsas
como gusanos en fruta podrida florecen
y se balancean como afiladas guillotinas
ante las espantadas miradas
juzgadas por ellos
mientras sus gargantas
se desangran en la yedra
Nefandos de regocijo se acrecientan
forcejean contra ellos todas las edades
un pie ahora se aferra al moribundo mundo
se subleva los sueños de quienes no se revuelcan
ante el fango del déspota que ahora reina
el ocaso con su fúnebre pompa
los adventicios desvisten dando paso a la aurora
¿A dónde iremos ahora?  
se preguntan los hacedores de tumbas
su reflejo en el espejo les atemoriza
lo eterno un cayado de arcoíris les alcanza
se enmienda el horizonte
la golondrina vuelve a creer
en la primavera cuando se posa
sobre la rama que el amor le ofrece.
Y todo vuelve a nacer
en el inalcanzable secreto
que nos habita.
Xiomara Beatriz

jueves, septiembre 15

La desconocida garganta.

Xiomara Berrios


Sonámbula 
cuando a la noche hiere
el filo de miles de cristales
las barandillas aun vomitan el festejo
la luna aguijonea los corrompidos colores
que cuelgan como agotados apéndices descuartizados
mientras las sombras enturbian el sendero
como aves de mal agüero

Disecadas palabras visten las paredes de lisonjas
un zapato olvidado intenta resucitar sobre el pavimento
se agolpa el olor de borrachera en las esquinas
el silencio acribilla la piel con el pico de sus fusiles
los ojos  del gato traspasa la penumbra y me asusta
en ellos se refleja la ampolla de los cíclopes nocturnos
que guían los tumultuosos pasos
con los que amotino
los desgastados
adoquines

Huyen los sueños a través de las desveladas ventanas
debajo del puente acechan simulando estar dormidos
los trajes de cocodrilos que cargan las huellas robadas
el río ajeno de todo observa la percusión de los astros 
mareado de desaires le da una vista aterradora

En el cuello se clava un brusco sobresalto
la equivocada travesía desata el pavor
en la sonrisa ahora aniquilada
cuando mi mano se aferra 
al funesto acero que se hunde
en el jadeo de la desconocida garganta
nos miramos de manera extraña
mientras comienzo a escribir
con respiración entrecortada
el siniestro poema. 

Xiomara Beatriz