jueves, septiembre 15

La desconocida garganta.

Xiomara Berrios


Sonámbula 
cuando a la noche hiere
el filo de miles de cristales
las barandillas aun vomitan el festejo
la luna aguijonea los corrompidos colores
que cuelgan como agotados apéndices descuartizados
mientras las sombras enturbian el sendero
como aves de mal agüero

Disecadas palabras visten las paredes de lisonjas
un zapato olvidado intenta resucitar sobre el pavimento
se agolpa el olor de borrachera en las esquinas
el silencio acribilla la piel con el pico de sus fusiles
los ojos  del gato traspasa la penumbra y me asusta
en ellos se refleja la ampolla de los cíclopes nocturnos
que guían los tumultuosos pasos
con los que amotino
los desgastados adoquines

Huyen los sueños a través de las desveladas ventanas
debajo del puente acechan simulando estar dormidos
los trajes de cocodrilos que cargan las huellas robadas
el río ajeno de todo observa la percusión de los astros 
mareado de desaires le dan una vista aterradora

En el cuello se clava un brusco sobresalto
La equivocada travesía desata el pavor
en la sonrisa ahora aniquilada
cuando mi mano se aferra al funesto acero
que se hunde en el jadeo de la desconocida garganta
nos miramos de manera extraña
mientras comienzo a escribir
con respiración entrecortada
un siniestro poema. 

Xiomara Beatriz

martes, julio 19

La mirada del más allá.

Xiomara Berrios.

Hoy la belleza abruma en las callejuelas
donde se reclinan los vivos tonos
que maquillan las misteriosas casas
la luna avisa en las lánguidas  terrazas
el poder de su intrigante encanto
mientras el sol se cabecea en el horizonte
concediéndole su sueño al lóbrego manto

El tumulto levanta el velo de su cordura
entregándose al frenesís de los sentidos
la vidente acaricia la rendija del futuro
al danzar las cartas frente a la agitada mirada
que ha perdido su luz original

Huyo del festín ahogado en la euforia del jazz
allí las hienas aparentan ser una orquesta sin director
que profanan la clandestinidad de los juerguistas
haciendo brotar un clavel rojo del pecho
mientras mancillan los bolsillos con enajenación

La holgazanería del vagón rechina sus metálicos ecos
mientras promueven la restauración de las leyendas
la avenida se escurre bajo cándidas estrellas
el viento del pasado venció robándome del presente
emerge el tren que amortaja los náufragos
el horror tapa mi boca cuando comprendo
que lo que fue
ya no es

Ella me mira como cuervo emponzoñado
flanqueada por fantasmagorías detrás de la ventana
se trunca la cornisa que me lleva sobre antiguas huellas
el ondulante aroma a lirios se adueña del silencio
mientras se arrastra el tranvía ante los turbados nichos
le murmullo mientras suenan las rítmicas campanadas
¿Volveré a mi antigua vida?  Y como esquila de hierro
en la garganta su luctuosa voz me responde
¡Nunca más !

Xiomara Beatriz.



lunes, mayo 30

La felonía del mundo.

                                                   
                                                               Xiomara Berrios.


Bailan las sombras sobre el contorno de la luna
las bocas de cartón escupen promesas en el alero
el curso de la multitud vuelve a profanar la soledad
me lastima sus marcados pasos camuflados de urgencia
quisiera extirpar la macabra danza del callejón

El engranaje no para de girar en la codicia
me topo con los ojos de la madrugada   
que embiste con su presencia la noche
la metamorfosis de su gaveta escapa
sus raíces escandalosamente me zarandean  
los hurones adivinar mi pensamiento pretenden

El pasado corteja el tumultuoso presente
un ave silenciosa observa la felonía del mundo
la saliva se seca sobre las lengua amoratadas
el estigma tira de la corbata de los fanáticos
hasta la vértebra abrazar
otros sus togas rasgan mientras el cuervo
en sus cabezas picotea graznando libertad
la telaraña de lo que aún no acontece
a mi sueño alarma y despierto
en el insensato párrafo
del confuso libro.


Xiomara Beatriz 

sábado, abril 23

La luz jadeante.

                                                             Jeroen Oosterfoh.


Escucho mi respiración agitada

un puñado de verdes hojas salen de la nada

revolotean sobre la lúcida luz al final de la senda

aun sollozan de soledad las secas ramas

expuestas al inhumano invierno.


La luz jadea de peculiar manera

mis brazos se acercan cobijando mi pecho

las sombras bullen amenazantes

se rompe el nudo del equilibrio

ahora las raíces mudas me miran

intentando descoser de mi mente la anarquía

siento deseos de fuga


En el pantano aledaño se escuchan guturales voces

reconozco su peculiar acento ellas guían mis pasos

a la pesadilla que se me ofrece en un cuenco de oro

el escarabajo canta su perturbada angustia

en el apretado tiempo

donde solo ven mariposas negras


Un loro en su jaula se agita balbuceando su libertad

los huesos de su antepasado le impiden doblegarse

mientras los ojos del muerto en las calles amedrenta

la lluvia produce ampollas en el alma desahuciada

un hombre se desprende de las páginas del destino

al verlo los murciélagos ocultos en sus cuevas

despavoridos escapan

mientras se expande el albor

en el norte del sur



Xiomara Beatriz