sábado, septiembre 13

El eco del deseo.




Felicia Simion.

Anocheciendo, el aroma a jazmín
como mariposas negras en la oscuridad vaga.
Los ojos fijos miran la ventana que sueña;
el farol de la esquina saborea en la copa
la uva descarriada que, bajo su embrujo, tiembla.
Tu risa contagia la piel cuando la mano se acerca;
el horóscopo no acierta cuando la luna lo censura,
mientras el eco del deseo en la sangre resuena.

Se despluma la nuca
bajo la lámpara del sol de tus besos.
La colérica soledad se aparta con el aliento;
se estremece la perpleja cintura cuando la arrastras
sobre tus caderas, como si amaneciera.
La página del cielo nos observa
cuando la entretela de su lugar desaparece,
mientras los espejos, con pudor, se dan vuelta.

En la lujuriosa calle, el silencio se ausenta
cuando la sombra enloquecida penetra.
La música se enardece;
el verbo en el cuerpo se desbarata
cuando la certeza del cielo
en el caos de la noche llega.

Xiomara Beatriz


martes, agosto 5

The river house.



Miles Morgan.

Las abejas zumban como pensamientos,
anidándose en las mudas heridas.
El sol delira en su epitafio sobre el paisaje;
un barco golpea la marea, impugnando a la muerte.
Los pájaros acarrean su canto al borde de la noche;
un búho recita sobre la frágil estructura de la barda.
El canto del río, alucinado, todo lo habita;
voces de piedra y escarcha lo acompañan.

Y siento la mirada de los siglos
que roen la madera de la vieja casa.
Me conmueve la leve palpitación
que burla la inexistencia
como suaves notas de jazz,
rebasando el tiempo
que inexplicablemente
llegan a mí.

Amor y muerte,
en su vórtice centellan sin parar.
El mundo demarcado abre su candado;
la casa se apodera de mis palabras,
dispersa la niebla de sus recuerdos,
me enlaza a la raíz de su historia,
astilla estrellas en un vaso
y me da de beber.

Xiomara Beatriz



sábado, julio 12

Viajero del tiempo.


Felicia Simon
Tú no me amas ahora,
pero sé que hubo un tiempo
en que nuestro amor fue
uno de los más grandes milagros.
Ahora, tristemente desunidos
por el pájaro del presente
que nos observa bajo la orquesta
del nuevo tiempo que se nos ofrenda,
hablándonos en versos calzados
de funerarias ausencias.

Miro tu rostro sin rostro
bajo la incoherente luna.
La palabra ajena
se apodera de mi boca cosida,
que en silencio te adora.
Torbellinos de poemas hacen de puente
sin poder nosotros cruzarlos.

Eres el sueño que me atosiga
cuando la llamarada
del libro del destino nos alcanza.
¿Qué pretendes
al saturarme de tu oscuridad,
viajero del tiempo,
si no puedes alcanzarme?

Xiomara Beatriz



lunes, junio 16

Tinta coagulada.

Fernando-Gomez
                                                                                                                   El rostro en la fotografía
te mira como queriendo
descender por tus pupilas
al calor de tu alma.
Pero no es fácil besar
los labios coagulados de tinta,
dejarse envolver en la nada
a pesar de saber que existes.

El papel obstruye el sueño
mientras sigo respirando la sed
de adivinar tu semblanza
en el bulto de letras que delinean
tu tangible historia.

Los codos se hacen polvo
en la esclavitud del tablero;
fúnebres destinos anegados de sol
de forma majestuosa.

El colorido muro de la tarde
se une a la raíz de la noche,
pero yo sigo pensando
en la sombra de ti.

Xiomara Beatriz








domingo, junio 1

En el costado izquierdo de la nuca.



Brooke Shaden

Vuelve la lluvia a desfilar en el cristal,
el enamorado amante se levanta,
sintiendo aún el vivo fuego
en los iónicos balaustres del deseo.
El incienso de las sábanas se convierte en poemas;
la frase se estremece con el torbellino de las emociones.
El atavío del amor en el lecho descansa;
el murmullo del río, cual Mozart, dulcemente los arrulla,
mientras la luz de las velas se balancea
en una extraña danza sobre su pálida tela.

El vaivén de la pluma en la penumbra se desliza;
el hilo de la manta se impacienta, mientras
el espejo maldice el trueno que el relámpago agita.
Las gafas apátridas no dejan de la nariz resbalarse;
el alfabeto despierta, derrotando la virginidad.
El mundo de pronto respira en el costado izquierdo de la nuca;
sus dedos visten de primavera el talle de la cintura,
reclamando el nuevo auge de la selva
donde se hospeda la vida.

El río ya no es río:
es un desquiciado trovador
que frenéticamente se impulsa al mar.
Las almas se elevan en ardorosa entrega;
la lluvia sigue buscando la tinta negra,
mientras continúan agitando las puertas.

Xiomara Beatriz



lunes, mayo 26

Ya no estas aquí.

Noel Ozsbald.


La tarde se va desmoronando;

el tétrico nombre de la ausencia

mis labios recorren.

Serpentea la luz en la persiana,

mientras la noche,

entre los rompientes

nimbos, me interroga.

La sombra en el borde se sienta;

el tiempo con las estrellas se enreda,

y ya no estás.


En el principio, la dulce tentación

del viaje distinto causaba turbación.

Intenté el retorno al comenzar la caída,

pero mi sangre en tu latido revivió.

Ahora ya no espero nada;

la soledad en la nuca me respira,

pues ya no estás.


Xiomara Beatriz


jueves, mayo 22

Los cielos cenicientos.

 

Salvador Dali


Me despierta el canto de un búho;

sonrío porque te recuerdo.

Me asomo a la ventana:

los cielos están cenicientos;

el río transcurre en soledad.


Hace frío para ser mayo;

esta tierra es tan impredecible

como lo eres tú,

como lo soy yo.


Leyendo tus bucólicas letras,

tropiezo con las esquinas rotas

bajo el óxido de la soledad.

Se rompe el equilibrio

y caigo en tus raíces.


Un gato con el sol juega ajedrez;

aumenta el escándalo de las aves.

El tumulto me hace huir de las sílabas,

despertando el atavío

que cuelga desfallecido

luego de haber vaciado

el alma en tus versos.


Xiomara Beatriz