viernes, noviembre 7

La casa sin ventanas .

Patty Maher.


El aroma a violetas ondula en la soledad del camino, sobre la orilla del río yace la agonía de la tarde. El vuelo de las aves se adelgaza en el horizonte como melancólicas remembranzas. Ese hábito de ir a rendir tributo diario al ocaso no puedo remediarlo, la luz se esparce con tonos rojizos con una descarada opulencia que me cautiva. Distingo el árbol fulminado por el tiempo que exhibe su tragedia en sus ramas, como largos dedos disecados, queriendo atrapar la vida de nuevo mientras una nívea barca como espectro sin consuelo flota enajenada en la cetrina corriente. Allí es el único lugar donde no me siento extranjera.


Se acelera la noche y la luz de los faroles denotan una ligera neblina y comienzo el regreso a casa. Experimento de nuevo esa angustiosa sensación de ser observada cuando atravieso la aislada vereda donde está la casa que no tiene ventanas. Siempre viene a mi mente esa incógnita de porque se apoderaron de ella esos desgastados listones, dispuestos con cierta premura ocultando parcialmente las ventanas. Una luz tenue se cuela por las rendijas dándole aún más ese aire sobrecogedor y mi irreverente mirada la escudriñan una y otra vez mientras desciende la colina.


El arco envejecido de la puerta de la casa ampara una
enmohecida campana que se mece suavemente con una
perturbadora repetición en el dorado cobre. 
¿Qué secretos aguardan tras ella?


Decididamente alguien me espía entre los listones puedo ver su sombra que se mueve mientras mis pasos me acercan más a su portal. Un ave torva con su chillido cerca de mí, me sorprende haciéndome gritar, luego escucho un leve chasquido que parece provenir de la puerta que ahora está entreabierta.


Mi corazón parece un pájaro en una jaula queriendo escapar. La niebla se hace más densa, el recelo se adueña de mis pasos, el murmullo del agua del río obtiene un tono ceremonial, me dejo llevar por la abstracción de lo que acontece detrás de la puerta. La cola de un gato tamborilea una danza en un viejo barandal, un tiesto de flores me pilla distraída y se vuelca sobre el mustio jardín. De dónde diablos ha salido esto, exclamo, pues nunca vi flor alguna allí.


Pensé regresar sobre mis pasos y dejar atrás lo que a mi curiosidad atezaba pero escuché una voz con lúgubre timbre que me decía: ¿Estás segura que no quieres entrar? Apenas su rostro se dejaba entrever lleno de solemnidad. Me sacudí nerviosamente el cabello del rostro, el sonido de las notas de un piano desde el interior se colaban, sus ojos casi sonreían con ironía o a mi me lo parecía, mientras sus labios tenían un rictus chocante. No era capaz de moverme, no sé cómo ocurrió pero, estupefacta y aterrada, me di cuenta que ya estaba dentro.


Un espejo roto reflejaba mi imagen distorsionada, un suave fulgor tapizaba las paredes. Sus ojos fijos me escrutaban desde la sombra de un retablo. El techo de pronto enloqueció y un número increíble de mariposas de colores descendían de él.

Traté de tocarlas con mis manos y al contacto de mis dedos se convertían en flores –debo estar soñando, pensé. El gato ahora maullaba sobre un almohadón de terciopelo púrpura y encima de él sobre la pared un reloj colgaba con la exactitud de las horas enajenadas. Frente a mí en el centro de la habitación, como un ángel con sus alas extendidas, un árbol tocaba las estrellas. Sentí que había amanecido y se lo pregunté. Él se sonrió. Me llevó a una de las paredes y vi la luna sobre la negrura del pantano brillando como una perla, el rocío que la niebla dejaba sobre el sendero, el musical suspiro de las aguas, la batalla de las aves por la rama. El paño negro del cielo azotado de la voracidad de las polillas, dejando pasar la luz de la eternidad.Todo parecía verse con extremo detalle.


Temblando, mis ojos volvieron a mirarlo con atención. Su entrecejo marcado por un recurrente gesto adornaba su frente. El rumor de su piel era cambiante, las virtudes y defectos en él yacían. Su cabellera, cuidadosamente cuidada, parecía una golondrina al vuelo. El agua ahora corría bajo mis pies, brillantemente iluminada como un tapiz en un palacio. Comencé a reír abrumada por el esplendor. Le dije usted no es humano él sonrió y dijo: Tú tampoco desde que entraste a la casa que no necesita ventanas.

Xiomara Beatriz





13 comentarios:

Jordi dijo...

Como un ángel de alas extendidas, el texto atrapa al lector en una atmósfera de enigma y belleza. El vuelo de las aves se adelgazan en el horizonte, hay ramas de dedos disecados, los cabellos son golondrinas y la historia fluye como un río de destino misterioso...

ReltiH dijo...

UUFFFFF, CUÁNTAS IMÁGENES CON ESE ENIGMA QUE SEDUCE...!
ABRAZOS

Pluma Roja dijo...

La imagen "la casa que no tiene ventanas" es inspiradora, no sabes cuánto.

Me encantó.

Todo el texto es bueno.

Saludos Xio.

TORO SALVAJE dijo...

Tú no eres humana.
Eres mágica.

poemas lichazul dijo...

hay casas que asemejan hogares
así como ventanas y libertades camufladas

precioso trabajo XIO
felicitaciones
besitos y buen fin de semana

Vorisgam dijo...

Un hermoso viaje hacia el sutil latido lleno de amor del corazón.Mi amado Ángel... siempre en mi corazón.

Cielo dijo...

trepidante historia
enhorabuena!!!


un placer la visita
Saludos Xiomara.

Sneyder C. dijo...

Me ha encantado tu relato y he de decir que lo he vivido y experimentado ese tenue temblor ante el misterio y a vez sobrecogedor enigma que encierra la casa…

Un inmenso abrazo Beatriz

Jorge Ampuero dijo...

Sin duda, somos parte de una casa sin ventanas pero con muchas puertas.

Saludos.

Joaquín Galán dijo...

Me gustó el relato, sobre todo esas descripciones poéticas del entorno aún a sabiendas de que,desde mi punto de vista, le han restado algo de intensidad a la trama.

Saludos y feliz semana

Suso dijo...

Muy feliz me hizo tu visita después de todo este tiempo. Es un enorme placer el reencuentro y leerte de nuevo. Ya visito poco en mundo bloguero pero me hizo ilusión saber de ti. Un abrazo enorme.

Taty Cascada dijo...

Tal vez, ambos eran almas en busca de una oportunidad para brillar el uno en el otro.
Ha sido bello reencontrarte querida Xiomara. Te agradezco me hayas visitado. El tiempo y otros problemas no me permiten la regularidad bloguera acostumbrada, pero intento no dejarlo. Son tantos creativos amigos.
Abrazos y besos bella y talentosa amiga.

Antonio Abad Diaz Ortega dijo...

Un placer leer de nuevo la dulce cadencia de tus relatos.
Tengo que retomar mi trabajo en el blog, abandonado hace algun tiempo por razones de la inercia del acontenecer de la vida.
Me alegra ver que sigues tan vital.
Un abrazo.