domingo, agosto 16

Blasfemas nostalgias.

Yulia Kazban

El tedio de las horas sin tu presencia me abruma

lejos vuelas intentando el lenguaje del bosque descifrar

de los colores del recuerdo me dejo envolver

y del intenso aroma del confuso verano que me agota

quiero un poema concebir pero no puedo

la fecundidad brota cuando te percibo cerca

la soledad me muerde y abre profundas grietas

donde emanan blasfemas nostalgias


Las voces vacías de tus eternos siseos

por doquier me acechan sin tu particular encanto

escapo de la simplicidad del claustro

siguiendo el rastro de tinta de las aves que el cielo tocan

en la esquina una tumba alquilan

un músico ameniza la magnífica morada

¿Podré arrancarme el amor y allí depositarlo?


La fiebre en el lecho me atormenta

el mortífero silencio del dolor se alimenta

sigue lloviendo como denunciando un crimen sobre el tejado

que insensato el destino que orquestar a su manera pretende

intento escuchar la música de las olas que seguramente

rompen a carcajadas cuando tu tobillo toca 

y huyes despavorido como gato en tina

pero me devoran los días

sin la magia de tu venenoso sarcasmo

y se plasma el espectáculo del hastío

cuando sin ti vivo.


Xiomara Beatriz




lunes, julio 20

En la linea de los versos.



                                                            Rodney Smith.

Hay un exceso de noche esta mañana

el sol no termina de eyacular la luz del día
la calle me mira fijamente de forma extraña
sílabas antiguas se desprenden de la vieja pintura
que se adivinan en los caserones que resguardan el sendero
el tren aúlla cuando circunda el parque de milenarios árboles
bajo los amplios pórticos futuros fantasmas me sonríen
y la escalera por el tiempo derruida a una dalia se abraza.

Aligero mis pasos
el amarillo del cielo ahora enceguece las aves
el escandaloso verano libremente en todo palpita
intoxicada de ti deambulo sobre la línea de los versos
en la tormenta de tus facciones que jamás llegaré a conocer
escucho el apresurado chirriar de las llaves del destino
una ligera brisa a la incierta ciudad en su sopor da alivio

Los singulares árboles al paraíso invitan
me parece sentir en la intimidad de su sombra
tu amor ofreciéndome compañía en silencio
se trepa una ardilla queriendo alcanzar eternidades
desenmarañando otras realidades mientras sopla el viento
cada partícula de luz va demarcando una oscura forma
tiemblo cuando me abraza en su prohibido naufragio
y mis labios parten con desenfreno a los tuyos
donde encuentro el universo.

Xiomara Beatriz



lunes, julio 13

Madame Deseo.





              
                      Laura Zalenga.


El viento hace chirriar el letrero del bar que baila sobre sus oxidadas argollas. El barullo de voces y lastimosas risas se escupen desde la entrada, confundiéndose con el inaudible tintineo de las copas que se frotan sobre la pulida madera y, en cuyo interior, rebosa el secreto de la promiscua alegría. Mientras, la tarde se encoge manchada de oro y sangre en el horizonte con gran elocuencia.


Una pareja goza sin pudor de la ansiedad de sus cuerpos retorcidos de deseo sobre el lomo de una silla. Un corpulento hombre como una gran roca se abre paso entre la multitud mal iluminada. Sus ojos añil parecen no tener alma. Se cruzan con los míos. El jadeante cántico del río acariciando la belleza que fecunda la ventana, me distrae, haciendo que me olvide del decadente decorado que tras ella se exhibe.


Advierto entonces la pesadilla que se agita, estirando sus demonios sobre sus piernas, incitando tentaciones a quienes le miran. Un rayo despierta inicuos ángeles. Intento huir de sus odiosas fanfarrias, pero su repetido eco todo lo invaden. Una mano me detiene. Me sobrecoge la belleza de su varonil rostro y sus sarcásticos ojos perturban mi alma. Intenta atraparme en su abrazo, mientras al amor blasfema. Oleadas de arrebato despiertan al maléfico súcubo que ahora empuña con fuerza sobre él su venganza.


Se escapa un grito. No sé bien de donde proviene. Si de mis labios o de los suyos. Sus pupilas ardientes se van poblando de nuevo de tinieblas. Logró escapar de su mano que aún a mí se aferra. En la huida tropiezo con ella, que con espanto me mira con sus grandes ojos, pero luego parece perder fuerza y cae desplomada en la roja alfombra, donde una mancha apenas todo lo delata. Mientras los espejos danzan sobre la balanza. Miro hacia abajo los espejos rotos que la delatan, devorando la realidad en la que ella se balancea.


 La maldiciente luz del farol parece desvanecerse a lo largo de la calle del opio. Un abrumador sosiego va amortajando la gruta que antes voluptuosamente pedía calma. Ignoro al sombrío mendigo que reclama su dádiva al ver en mi rostro la gozosa expresión del reciente extravío. Me asfixia la pomposa noche exhibiendo el reluciente broche que imitar al sol pretende, mientras los consumidos adoquines con mis pasos resuenan. Intentó escapar del infame fulgor que, como un dedo acusador, me señala. Igual que un animal temeroso me arrimo a la resguardada esquina. El acre aroma de agotamiento de mi cuerpo aún emana de mí. Solapadamente, saco el espejo dentro de las sombras. Camino unos pasos más. La calle está desierta. El silencio es testigo de mi angustiante respiración, cuando en el reflejo vuelvo a encontrarme a la ¡Maldita Beata! Que persigue mis días.


Xiomara Beatriz





viernes, junio 19

El ojo que todo lo crea.

Harding Meyer.

Si mi mente es lo que es

y el artificio por ella puede ser creado

voy a construir una cabaña salpicada de auroras

donde el esférico mundo ignorante de su destrucción

busque seguir el bucle del pincel donde florece el arte

y las geometrías se aturden ante el ardiente deseo

que ante ellas desembarca.


Un mundo que debe ser pintado de nuevo

donde el ruido irracional a lo lejos al ciervo no lo asuste

ni el vagar del oso salvaje con su  gran corpulencia

siga formando inquietas sombras en la ventana

donde las ilusiones recopiladas en descosidas nubes

en su desconsuelo no acuchillen la tierra con su llanto


Las garras del águila en elipse vertiginosa me toma

emprendemos el vuelo de una partícula a otra

alejándome de los hambrientos lobos que aúllan

en el extravió sobre la vieja corteza donde se enrollan


Y es que la eternidad es una carta sellada

por encima de la cabeza de la gata que mira las galaxias  

donde los geranios se incorporan a la metamorfosis

vistiendo de aromas la fábula del divino pensamiento

ya da igual si la tierra es plana o redonda

pues el ojo que todo lo crea

todo lo puede crear a su antojo .



Xiomara Beatriz



jueves, junio 4

La lejana palabra.

Jessica Drossin


Oscurece el día 

el azul es sepultado

bajo la victoria de negros nubarrones

mis pies se aferran al suelo 

pero la blasfemia se precipita 

y los declara impuros


Intento huir rápidamente 

dejando pedazos de mi nombre

en los jardines sin auroras

la que no fui golpea con furia al destino

¿Dónde te has ido? Con tu gran elocuencia 

la lejana palabra fornica con mi muerte

y me devuelve la vida.


Xiomara Beatriz.