jueves, agosto 6

El hombre del espejo



                                             Metin Demiralay.


Me miro al espejo. Los ojos, perplejos, buscan la rigurosa boca dormida y continúan navegando, lentamente, sobre el lago de cristal que todo lo refleja sin llegar a hacerlo tangible. Se deslizan por sus temerarios caudales, donde lo prosaico y lo erudito conviven como si jamás hubieran sido opuestos.


Las precipitadas letras despiertan, ansiosas por volver a penetrar la corteza del árbol del que nacieron, ese que aún las alimenta desde la profundidad de su savia.


Me pregunto si, en verdad, deseo volver a navegar este río denso y oscuro para reclamarlo otra vez como el mío.


Pero incluso los brotes nacen torcidos.


Ya me has olvidado.


Tú te internaste en el bosque encantado, mientras yo seguí vagando entre senderos de ausencia, anhelando aquello que nunca me perteneció.


El chal del sol me invita a iluminar mi camino. Mi corazón se sobresalta cada vez que te recuerda; sin embargo, mi cuerpo, menguado por la espera, vuelve a huir hacia sus furtivos escondrijos.


Lejos del hombre que solo existían en el espejo.


Xiomara Beatriz