martes, octubre 7

El escándalo de tu ausencia.

                                                     


                                            Kiyo Murakami.

La medianoche cobra sentido
cuando en el filoso silencio
se agolpan tus poemas
como relámpagos,
sacudiéndose
del sueño.


Y busco tu rostro incierto
entre las palabras rotas,
en la vitrina que llora el vacío,
en el lápiz que se junta a la infancia,
desafiando la amargura
con su sonora carcajada.


Pero la magia de la luna
no ayuda cuando la soledad
del lecho picotea la mano
que, con desesperación, te busca
entre el escándalo de tu ausencia.


Y llega la aurora
con su indecente belleza
a poblar el consternado cristal
que intenta calmar las lágrimas,
volviendo a recitar con emoción
nuestros poemas de amor.

Xiomara Beatriz

sábado, septiembre 13

El eco del deseo.




Felicia Simion.

Anocheciendo, el aroma a jazmín
como mariposas negras en la oscuridad vaga.
Los ojos fijos miran la ventana que sueña;
el farol de la esquina saborea en la copa
la uva descarriada que, bajo su embrujo, tiembla.
Tu risa contagia la piel cuando la mano se acerca;
el horóscopo no acierta cuando la luna lo censura,
mientras el eco del deseo en la sangre resuena.

Se despluma la nuca
bajo la lámpara del sol de tus besos.
La colérica soledad se aparta con el aliento;
se estremece la perpleja cintura cuando la arrastras
sobre tus caderas, como si amaneciera.
La página del cielo nos observa
cuando la entretela de su lugar desaparece,
mientras los espejos, con pudor, se dan vuelta.

En la lujuriosa calle, el silencio se ausenta
cuando la sombra enloquecida penetra.
La música se enardece;
el verbo en el cuerpo se desbarata
cuando la certeza del cielo
en el caos de la noche llega.

Xiomara Beatriz


martes, agosto 5

The river house.



Miles Morgan.

Las abejas zumban como pensamientos,
anidándose en las mudas heridas.
El sol delira en su epitafio sobre el paisaje;
un barco golpea la marea, impugnando a la muerte.
Los pájaros acarrean su canto al borde de la noche;
un búho recita sobre la frágil estructura de la barda.
El canto del río, alucinado, todo lo habita;
voces de piedra y escarcha lo acompañan.

Y siento la mirada de los siglos
que roen la madera de la vieja casa.
Me conmueve la leve palpitación
que burla la inexistencia
como suaves notas de jazz,
rebasando el tiempo
que inexplicablemente
llegan a mí.

Amor y muerte,
en su vórtice centellan sin parar.
El mundo demarcado abre su candado;
la casa se apodera de mis palabras,
dispersa la niebla de sus recuerdos,
me enlaza a la raíz de su historia,
astilla estrellas en un vaso
y me da de beber.

Xiomara Beatriz



sábado, julio 12

Viajero del tiempo.


Felicia Simon
Tú no me amas ahora,
pero sé que hubo un tiempo
en que nuestro amor fue
uno de los más grandes milagros.
Ahora, tristemente desunidos
por el pájaro del presente
que nos observa bajo la orquesta
del nuevo tiempo que se nos ofrenda,
hablándonos en versos calzados
de funerarias ausencias.

Miro tu rostro sin rostro
bajo la incoherente luna.
La palabra ajena
se apodera de mi boca cosida,
que en silencio te adora.
Torbellinos de poemas hacen de puente
sin poder nosotros cruzarlos.

Eres el sueño que me atosiga
cuando la llamarada
del libro del destino nos alcanza.
¿Qué pretendes
al saturarme de tu oscuridad,
viajero del tiempo,
si no puedes alcanzarme?

Xiomara Beatriz



lunes, junio 16

Tinta coagulada.

Fernando-Gomez
                                                                                                                   El rostro en la fotografía
te mira como queriendo
descender por tus pupilas
al calor de tu alma.
Pero no es fácil besar
los labios coagulados de tinta,
dejarse envolver en la nada
a pesar de saber que existes.

El papel obstruye el sueño
mientras sigo respirando la sed
de adivinar tu semblanza
en el bulto de letras que delinean
tu tangible historia.

Los codos se hacen polvo
en la esclavitud del tablero;
fúnebres destinos anegados de sol
de forma majestuosa.

El colorido muro de la tarde
se une a la raíz de la noche,
pero yo sigo pensando
en la sombra de ti.

Xiomara Beatriz