martes, mayo 25

Poetisa sonámbula…


"Me es difícil hablar de mi pintura, pues ella ha nacido siempre en un estado de alucinación, provocado por un shock cualquiera, objetivo o subjetivo y del cual soy enteramente irresponsable".Joan Miró (1893-1983) .


La alcoba exhala pasos ligeros impregnados mantos de música inaudible que arrullan los sueños, la ventaba entreabierta dejar pasar la brisa de la fresca noche. El camisón se le resbala por los hombros sin cesar, las desnudas piernas están inquietas, la sangre yace en su apacible rio, los aromas florecidos invaden el recinto, las sombras se contemplan unas a otras en su eterno silencio cuando la luz de la luna se filtra llenándolo todo con su esencia como un jarrón vacío a la espera del ramo aromático. Se eleva el resplandor de la luna subiendo por los pies desnudos hacia la eternidad donde late la vida. El lenguaje del tiempo ya no existe, la noche respira profundamente, las serpenteantes veredas ahora acalladas contemplan extasiadas la deslumbrante astronomía, se acelera los giros de los portales. Se comienzan a dibujar nítidamente en los poros de la piel que se avivan, pero son sosegados con ternura por etéreos velos. Suspira intranquila en la cama, su aliento se confunde con la luz que desciende por su garganta circulando con fervor por la sima carnal.

Ahora se desconcierta ante lo aparentemente no conocido, se contempla así misma, se confunde con lo irreal, integrándose a ese amor, ese tan anhelado amor y que todo lo abarca. El mundo cae por su propio peso como un vestido desechado en la atemporalidad. El coloquio comienza con las voces antes desvanecidas sin sustancia, sin rasgo vocal, la esencia es arrebatada y se aleja de la copa. En el lecho la suave arcilla esta prisionera entre las suaves sábanas. El mundanal imperio de la víbora se esquiva mientras el universo desea amamantar a sus hijos en el fuego donde habitan los bosques de indescriptibles melodías creadas por ríos sedientos de sabiduría. Sus labios rememoran las ya escuchadas legiones de seráficas que a la orilla se encuentran danzando al igual que ella. Los nudos de la túnica al fin se desatan de su amarre espinoso, el obscurecido lirio cambia de tonalidad cuando su presencia lo roza, zumban las almas cuando vuelven a su verdadera vida. Un niño mira con deleite a la nube que en su mano juega, las hojas absortas de la gloria de la savia se convierten en rosas que se ofrendan con su presencia a los etéreos caminantes.


El verde incita a reposar debajo del ciprés esperando pacientemente que descuellen los soles enardecidos para que eclosione el trigo, la savia se escucha debajo de ellos como el eco del mar dentro de un caracol, el olivo cercano declama un poema a viva voz extasiando a todo lo que le rodea. De pronto las manos comienzan a sentir a su lado pasar otros siglos que van dibujando un rostro con el que siempre soñó, su sonrisa se inclina hacia ella, le habla sobre los cielos rojos como el rubí, su aliento es embriagante es como el vino, provocando una sed inextinguible de él. La luz de su mirada con su profunda ternura desbordaría cualquier cause queriéndole glotonamente consumirle. Como la tienda del sultán invitándole a un viaje sin desierto. cien pájaros vuelan en la cima allá abajo en el umbral de la espera, ahora siente su plumaje como estola pretenciosa que le sujeta, desaparece la ofuscación, los colores son jóvenes allí donde mora  la primavera, ningún dialogo es secreto, es brisa que se propaga todos los corredores llegando a mismo punto donde el cristal no se empaña, los abrazos son sinfonías, el zenit es agua viva que con inocencia se entrega como la flor dentro del libro, luz sin aritmética, exhalando un aliento sostenido, como ave vuelve a su nido y despierta con el cuerpo estremecido al recordar todos esos mundos ya anteriormente recorridos.

Xiomara Beatriz