lunes, febrero 16

Los ojos en el espejo.


 ¡Cantan! las campanas de viento. Los repiqueteos como insectos agrupados con su melodía la puerta casi derriba. Desnuda la masa reposa sin pudor sobre el mesón aturdida de levadura, mientras una nube blanca como una garza vuela escapando por el tragaluz al comenzar la jornada.

  Miro la sonrisa franca que me saluda al pasar por el ventanal hacia el patio. Me fijo en sus dientes dañados bajo sus labios gruesos donde refulge con orgullo un diente de oro, mientras una radio acerca a su oreja. Amé este lugar desde la primera vez, 
cuando descubrí la fuerza con que me engullía en sus sensaciones. Pero ahora una extraña atmósfera flota haciéndome sentir con un frecuente sobresalto.

  Imposible decir cuando comencé a percibirlo. Quizás desde que esa extraña ráfaga me sorprendió una noche, golpeando fuertemente la ventana contra la pared, haciendo que un desquiciado palpitar se apoderara de mí, con la cabeza ligeramente levantada. Busqué en medio de la oscuridad de donde venían esos pasos que se escapaban hacia la puerta. Las bisagras enmohecidas chillaron por un instante, pero no vi que puerta alguna se abriera. Esa noche el rayo de la luna bullía en la cúpula de todas las cosas. Apreté mis ojos con fuerza, recitando de memoria viejas plegarias que sólo se asomaban a mis labios en momentos de angustia.

  Decidida a descubrir lo que me atormentaba, me dispuse a subir al ático. Al llegar, una sombra entre las sombras se movió, emitiendo un pequeño gemido. Volví la cabeza con premura. ¿Quién está ahí? ¡Maldita oscuridad!, exclamé, tratando de alumbrar el espacio. Mi respirar se vio acompañado de otro a mi espalda. La oscuridad comenzó a agonizar dando paso a la aurora y en ese preciso instante mis ojos se clavaron en el espejo donde el cielo, al desnudarse de tinieblas por un segundo, delataba un difuso rostro detrás de mí. Bajé con premura y cerré la compuerta con brusquedad con los latidos aturdiendo mi pecho.

 ¿Qué puedo hacer? Debo tranquilizarme, mientras un libro ponía en su lugar temiendo que algún volumen se saliera de su lugar como cuervo acallando a su rival. De pronto una voz como de viento brotó de una esquina musitando: ¡Ciertamente no puedes hacer nada! Nerviosa pensé que había perdido la cordura. No puedo haber escuchado eso, es imposible. Un leve ruido llamó mi atención y me dirigí al ventanal de la cocina. Con sus manos ajadas y temblorosas, sostiene una cesta de frutas. Escupía las eses lentamente al hablar. Yo bien le conocía. Solía saludar cada día con esa aura de simpatía. Él me preguntó qué me sucedía, porque en mi lívida cara se dibujaba el espanto. Le conté los últimos acontecimientos y él volvió a sonreír. Su pipa cayó al suelo sin gesto alguno de querer atraparla a causa de una carcajada. Y me dijo: Veo que ya usted ya ha conocido el Mayordomo de la casa.

Luego comenzó a relatar la historia del mayordomo que nunca quiso abandonar la casa muriendo en ella mucho tiempo atrás. E intentaba calmarme, bromeando sobre el asunto y al final me dijo: Ya te acostumbraras .Al día siguiente, no lo vi pasar como cada mañana y procedí a visitar a mi vecina, que es donde él trabajaba como jardinero. Ella me recibió con cortesía y, luego de una breve 
charla, le pregunté sobre el jardinero, que para ella trabajaba.Me miro nerviosa y pregunto: ¿De qué jardinero hablas? Hace tiempo que no tenemos uno. Confundida le describí a ser tan afable que cada día me saludaba y de su reluciente diente de oro que daba luz a su sonrisa. Se contuvo unos minutos, me miró consternada. Y dijo: sabes, ese que describes fue jardinero de esta casa, en la época en que mis abuelos la habitaba.



Xiomara Beatriz


12 comentarios:

Jordi dijo...

A través del espejo se pueden distinguir ojos de presencias imprevistas, miradas que navegan entre mundos y que nos asombran con su presencia. Nada que temer, si son antiguos sirvientes que rinden culto a la casa y vuelven para acompañar y proteger a los nuevos inquilinos...

TORO SALVAJE dijo...

Cuando me muera iré a verte.
Y te escribiré poemas mientras duermes.
Cuando despiertes los encontraras bajo tu almohada.
Y yo desapareceré.

Pablo Racines dijo...

Me gusta la escritura del relato en si misma , es un texto muy bien logrado .

Saludos para ti .

Andres Lopez dijo...

Buen argumento como las buenas películas "enganchas"
Sesos
andré

poemas lichazul dijo...

presencias que no se van
que se quedan entre muros y hacen de esa dimensión conexión con lo nuevo
en este caso alguien
me gustó como vas desarrollando la trama y la intriga
enhorabuena XIO

besitos y buena semana

1superviviente dijo...

saludos,xiomara berrios

Mery Garabote dijo...

Muy bueno, si señor, me encanta, un beso de arcoiris.

Cielo dijo...

una historia que puede ir a más si le sacas partido
un placer
ah, tienes un blog muy elegante, enhorabuena.

Pluma Roja dijo...

Uyyyy!!! Què miedo.

bss.

Darío dijo...

Debe ser nomás que los jardineros tienen esa forma, que incluso trasciende el tiempo, y suceden estas cosas que nos estremecen... UN abrazo.

poemas lichazul dijo...

mil gracias por tus palabras XIO
abrazos gorditos

ReltiH dijo...

EL JARDINERO TAMPOCO SE QUIERE IR. EXCELENTE RELATO.
ABRAZOS