Xiomara Berríos
Bucólicos senderos recorro alumbrado por faroles
el olor de la isla huérfano de mezquindades que nunca olvidaré
meditabunda la recorro grabando en mi memoria
cada detalle temerosa cuando un día nace lejos de ella
un espasmo de tristeza me recorre como un largo beso de despedida
sigue soplando el viento por todos los flancos converso con él
mientras la noche es sacudida por el canto de ranas
a lo lejos hay un barullo de agitación
enardecido por las celebraciones
propias de la isla
No sé cómo decirle adiós
me embriaga su ambrosía
siempre será una peregrina cantándole al amor
¿será que me recuerden? Las aves cuando me vaya
o la caricia del mar en la orilla extrañe mis huellas
habré sido capaz de dejar hogueras perennemente encendidas
en algunos corazones que he conocido por los cuales
siempre me sentiré bendecida
Me detengo a contemplar unos chicos que ensayan
queriendo arrancarle notas a sus instrumentos
sonriendo al verles ajenos aún de comprender
el desafío de la vida, celebrando la muerte con entusiasmo
al recorrer las olas con sus tablas inquietas,
tiembla mi piel comienza a refrescar, me envuelve
la fragancia de inciensos mientras brilla la luz
sobre el canal de agua al anochecer
Habrá aguacero en mis ojos cuando deba decirle adiós a la isla
como le he dicho a tantas tierras, a tantas miradas de ternuras
a manos pequeñas entrelazadas con las mias,
almas debilitadas que he visto fortalecerse
ante el amor dado sin medida
y sin esperar nada a cambio...
Dulces cantos se acunarán por siempre en mi corazón
lleno de extraños sueños donde los soles danzan abrazados a la luna
y la melancolía son ramas que alegran el río de miel
que nutre los campos llenos de versos.
Xiomara Beatriz
